Para ningún latino, el nombre de Andrés Bellos pasa desapercibido. Entre sus muchas anécdotas existe una sobre el nombre de un cóctel chileno que debe su nombre a él: la Vaina Chilena.
Sobre el origen del nombre del trago no hay problema; la anécdota es conocida tanto en Chile como en Venezuela. Antes de entrar en detalles sobre el particular, hay que precisar a quienes no conocen el habla del venezolano que la palabra VAINA, no es sólo la funda de una espada o el fruto de las leguminosas, sino que también es una muletilla sinónimo de COSA. Así decimos, por ejemplo: ¡Qué vaina más buena!, ¡No me digas esa vaina!, ¿Qué vaina es ésa? o Vaina más fea... La entonación dará el significado positivo o negativo de la expresión. Su uso es tan extenso que ya perdió la connotación vulgar. Pues bien don Andrés Bello, para distenderse en sus múltiples ocupaciones de académico, legislador, poeta y publicista de Derecho de Gentes, acostumbraba asistir a un club en Santiago de Chile donde servían un aperitivo que era de su agrado, mas no conocía el nombre. Entonces decía al mesonero: "Tráeme una de esas vainas que preparan aquí". Y el nombre quedó.
Aparentemente la receta tiene sus variaciones. Si algún chileno me aclara se lo agradezco.
He aquí algunas recetas de la Vaina chilena:
Vaina 1
50 cc Vino añejo
30 cc Cognac
30 cc Licor de cacao
2-3 Cucharaditas de azúcar impalpable
1 Yema de huevo
Canela en polvo (para adornar)
Vaina 2
2 Medidas de vino tinto
1 Medida de vermouth blanco
1 Medida de cacao en polvo
1 Yema de huevo
Vaina 3
20 ml de cognac
60 ml de Jerez
2 Yemas de huevo
2 Cucharaditas de azúcar impalpable o jarabe de goma
Lo que sí está claro es la manera de preparar el trago. En una coctelera con bastante hielo se baten bien todos los ingredientes y se sirve colado en una copa flauta bien fría. Se adorna con canela en polvo.
A su salud, don Andrés.
jueves, 7 de marzo de 2019
jueves, 21 de junio de 2018
Prohibiciones cuando niño
De niño, Eduardo VIII de Inglaterra recibió una
educación rigurosa que, por ejemplo, le impedía hablar en la mesa mientras comía,
excepto si sus padres o algún adulto le dirigían la palabra o le hacían alguna
pregunta.
Un día durante una cena, el entonces Príncipe de Gales
–que es el título de los monarcas ingleses hasta su coronación-. Interrumpió una
conversación que tenía su padre, el rey Eduardo VII, con otro de los comensales
y, de inmediato, fue reprendido.
Durante varios minutos, el rey prosiguió su
conversación y su comida y sólo cuando terminó con ambas se dirigió a su hijo:
-¡Sabes que no debes hablar si no se te pregunta! –dijo
muy molesto-. Dime, ¿qué deseas?
-Ya nada, señor –respondió el príncipe-, quise
advertirle que había un gusano en su ensalada.
-¿Dónde está el gusano? –gritó entonces Eduardo VII
con repulsión.
-Exactamente, no se lo puedo decir, señor –contestó el
príncipe-, porque usted se lo tragó y no me está permitido referirme a sus
intimidades.
Feliz jueves.
jueves, 14 de junio de 2018
Dueños inadecuados
La señora Katherine Benion escribió una revista
estadounidense a mediados de 1947 para contar que ella y su esposo hicieron un
viaje a las montañas Apalaches y vieron una granja pequeña muy hermosa y bien
cuidada.
Fue tanto lo que llamó la atención de ambos la granja,
que el señor Benion detuvo el auto en que viajaban y, adentrándose en ella, le
preguntó al propietario –un señor muy mayor-, si estaría dispuesto a venderla,
explicándole que a él no le interesaba el trabajo de campo, pero que le
gustaría tener una finca así para pasar las vacaciones.
-Sí, como no, pienso venderla en la próxima primavera-
respondió al granjero. Mi mujer y yo hemos trabajado cuarenta años para hacer
de ésta una finca con cuyos frutos una familia pueda vivir decentemente. Es
nuestra contribución al futuro del país y por eso, voy a venderla, pero no a
usted.
-¿Por qué no a mí? –preguntó el señor Benion
asombrado.
-No espero que ve las cosas como yo –respondió el
granjero-, pero venderle esta finca a usted, a quien no le interesan las
labores del campo, sería como venderle una novilla de pura raza a un carnicero.
Feliz jueves.
viernes, 8 de junio de 2018
Los payasos no son de fiar
En 1951, el fabricante de motos japonés Soichiro Honda
y su socio Takeo Fujizawa solicitaron un préstamo al Banco Mitsubishi para
ampliar su entonces pequeña empresa.
Como deseaban ganar el favor de los banqueros, Honda y
Fujizawa organizaron una fiesta en la que ambos improvisaron una función cómica
con chiste de todos colores y canciones de geishas.
Los banqueros del Mitsubishi se divirtieron mucho y,
al partir para sus casas, se veían sumamente complacidos.
Al día siguiente, Soichiro Honda y su socio fueron
llamados al banco y, al llegar, recibieron una carta en la que les informaban
que se les había negado el préstamo.
Al preguntar cuál era la razón del rechazo, los mismos
banqueros que habían asistido la noche anterior a su fiesta les dijeron:
-No podemos fiarnos de una empresa manejada por dos
payasos.
Feliz fin de semana.
jueves, 7 de junio de 2018
Educación Natural
"Educación natural" es, según Rousseau, no la basada sobre las formas de la sociedad o sobre las tradiciones de la escuela, sino sobre el conocimiento de la verdadera naturaleza del hombre y, por tanto, sobre una rigurosa investigación acerca de la naturaleza del niño. Este último punto de vista pedagógico, de gran importancia, había sido también proclamado modernamente por John Locke, en quien Rousseau reconoce, puede decirse, a su único precursor.
Según Rousseau los instintos naturales, las primeras impresiones y los sentimientos y los juicios sencillos y espontáneos que nacen en el hombre en contacto con la naturaleza son la mejor guía de cómo se debe comportar, y la enseñanza más preciosa. De ello se deduce que es preciso respetar y promover el desarrollo de tales fenómenos instintivos en el niño, en lugar de reprimirlos con una educación mal entendida.
Sobre el Libro Emilio o sobre la Educación de Jean-Jacques Rousseau.
viernes, 1 de junio de 2018
El joven maestro
La larga carrera de Simón Rodríguez
como educador, si es que así puede etiquetarse su incesante labor de
"formar ciudadanos por medio del saber", se inicia oficialmente
cuando el Cabildo de Caracas le otorga, en 1791, el permiso para ejercer de
maestro de escuela de primeras letras en la única escuela pública de esa
ciudad. Claro está que la formación autodidacta emprendida por Rodríguez desde
muy joven habla de un inicio más temprano en su carrera y de un encuentro
prematuro con la vocación del saber, la reflexión y el pensamiento.
A los veinte años de edad, según se
dice, Simón Rodríguez ya había leído a Jean-Jacques Rousseau, particularmente
su obra Emilio o De la educación, y una traducción de la Declaración de los
Derechos del Hombre y del Ciudadano. Como muestra del ímpetu y la avidez de sus
reflexiones, siempre originales y a contrapelo del medio, presentó al
ayuntamiento de Caracas, en 1794, un estudio titulado Reflexiones sobre los
efectos que vician la escuela de primeras letras de Caracas y medio de lograr
su reforma por un nuevo establecimiento.
Las ideas vertidas en este ensayo
parten de la necesidad de formalizar la educación pública por medio de la
creación de nuevas escuelas y la formación de buenos profesores; de esta forma,
argumentaba, se promovería la incorporación de más alumnos (incluyendo a los
niños pardos y negros) y la disminución progresiva de la enseñanza particular;
se requería además buenos salarios.
Extracto
tomado de:
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/rodriguez_simon.htm
viernes, 25 de mayo de 2018
Curiosidad Intelectual
Quesada
enseñó también a Bello los clásicos castellanos y en especial a Cervantes,
Calderón de la Barca y Lope de Vega. Pero el énfasis principal era el latín,
puesto que constituía un requisito de ingreso a la universidad. Una vez
terminado sus estudios bajo la tutela de Montenegro, Bello ingresó a la Real y
Pontificia Universidad de Caracas en 1797 para iniciar un curso de estudios en
filosofía conducentes al grado de Bachiller en Artes, que obtuvo el 14 de junio
de 1800.
Gracias
a un comentario de Montenegro que Bello mencionó a Amunátegui, es claro que para
1797 había aprendido a leer francés (un poco más tarde aprendería inglés con la
ayuda de una gramática y periódicos en ese idioma). Montenegro encontró un día
a Bello leyendo una obra de Racine, lo que le hizo exclamar, “¡es mucha
lástima, amigo mío, que Usted haya aprendido el francés!”, preocupado al
parecer por el tipo de lecturas al que Bello tenía ahora acceso.
Bello
confirmó más tarde los temores de su profesor, puesto que preparó una
traducción del Zulime de Voltaire. Esta anécdota le dio ocasión a Bello para
relatar cómo Simón Bolívar, quien era miembro del mismo círculo literario en
Caracas, le reprochó tan mala elección. El Zulime es en verdad una de las
peores obras de Voltaire, pero Bello respondió que su traducción era al menos
la primera. La anécdota es importante pues demuestra las habilidades
lingüísticas de Bello a una temprana edad, como también su curiosidad
intelectual.
Extraído
del libro Andrés Bello: la pasión por el orden de Ivan Jaksic.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






