viernes, 10 de junio de 2016

Dogmatismo religioso

Vivimos en una época en la que, pese a sus diferentes maravillas (arquitectónicas, tecnología, etc) la deshumanización todo lo invade. Una de sus causas es la institucionalización de los dogmas religiosos y de la corrupción de las autoridades eclesiásticas, precisamente quienes deberían llevar una vida ejemplar que sirviera de modelo a seguir.
Otra es la rápida secularización del mundo y el alejamiento de la gente de la religión a que en condiciones normales recurrirían. Deificando equivocadamente las computadoras y la tecnología, que no ofrecen una guía moral, pierden la noción del bien y el mal.
La religión debería guiarnos hacia niveles más profundos de sabiduría, fortaleza y bondad. Sin embargo, el dogmatismo religioso tiende a esclavizar al hombre y a minar su capacidad de juicio. Inadvertidamente, ciertas enseñanzas que, en principio, se postularon como un medio para la felicidad humana terminan cobrando vida propia y convirtiéndose en fines.
Creo que este peligro puede prevenirse si fortalecemos la sabiduría y las facultades intelectuales del ser humano. Por eso siempre insisto en que la religión debe avanzar de la mano de la educación. En nuestra época, cuando la línea entre el bien y el mal tiende a ser cada vez más borrosa, es importante prestar atención a las palabras de los sabios pensadores del pasado.

Feliz fin de semana


jueves, 9 de junio de 2016

Comercializadores de esperanza

Todas las sociedades aspiran, conscientemente o no, a utopías de un tipo u otro. Los políticos comercian con las esperanzas de la gente de alcanzar el cielo en la tierra. Como no es posible, las vidas de las naciones, como de las personas, son una lucha perpetua por hacer realidad esos sueños. Por ejemplo Mandela así como Martin Luther King Jr. sostuvieron años el mismo sueño: que un día, a la gente de su país, se le juzgara no por el color de su piel sino por su carácter.

La política, por su parte, reducida a sus elementos esenciales, es persuasión, ganarse a la gente. Todos los políticos son seductores profesionales. Viven de cortejar a la gente. Y si son listos y hacen bien su trabajo, si tienen talento para conectar bien con el pueblo, prosperan. Lincoln era así, Roosevelt, y Churchill, y De Gaulle, y Kennedy, y Martin Luther King, y Blair. También lo era Arafar, Hitler y Hugo Chavéz (en el caso de mi país). Todos ellos se ganaron a la gente para la causa que defendían. Sin embargo, todos ellos fueron superados por el sr. Mandela en cuanto al alcance de su ambición. Mandela después de ganarse a su gente -tarea nada fácil porque era gente muy diversa, formada por todo tipo de creencias, colores y tribus- se propuso ganarse a su enemigo.

En mi país Venezuela, así como en la mayoría de los países latinoamericanos vivimos permanentemente entre las promesas de unos políticos y las promesas de otros, sin darnos cuenta de que simplemente ellos están haciendo su trabajo, es decir, comercializando nuestra esperanza de un mejor país, lleno de oportunidades.


Feliz jueves.

miércoles, 8 de junio de 2016

Distancia

No hay mayor distancia
Que la ignorancia...
Quedarse en la estancia
Y vivir de arrogancia...

Feliz pareces estar
Pero las lágrimas te delatan,
Cada día es restar
Y nada pasa..

martes, 7 de junio de 2016

La filosofía en la vida

El filósofo budista Ikeda nos dice: "Nuestra misión y nuestro deber como seres humanos es transmitir una valiosa herencia de conocimientos y sabiduría a la próxima generación."
Totalmente de acuerdo con Ikeda y lo puedo certificar con mi mamá y mis tíos, sus enseñanzas las he mantenido presente siempre en mi vida, su forma de pensar en algunos aspectos me han servido para moldear mi carácter. Aún recuerdo a mi tío cuando me dijo el concepto de filosofía la primera vez, recuerdo como mi tía se esmeró explicándome y dándome trucos para aprender trigonometría, incluso uso su técnica para enseñar a otros; he tratado de imitar el carácter alegre de mi mamá ante la vida, a pesar de que a veces uno caiga en pequeños baches en la vía. También recuerdo otro día, que en paz descanse, que cuando lo visitaba en Barquisimeto siempre me preguntaba a qué velocidad iba en la vía, y me decía: recuerda que los cauchos son de goma Leo. Todas éstas cosas, toda esta enseñanza la mantengo en mí como un tesoro y lo transmitiré a los que pueda. A veces uno creo que por ser simplemente quien es no genera algún tipo de impacto en aquellos que nos rodean, pero crean que sí pasa. Como escribió el emperador y filósofo romano Marco Aurelio en el siglo II: La existencia del hombre es minúscula; su ser es un mero fluir; sus percepciones, confusas y opacas; su organismo físico, corruptible; su alma, un torbellino; su destino, insondable, y su fama, incierta. [...] En tal caso, ¿qué puede guiarnos? Tan solo la filosofía.
Cuando una gota de agua se incorpora a un gran río, adquiere vida eterna; cuando entramos en el grandioso cauce del espíritu humano que es la filosofía, también experimentamos en cierta manera la eternidad. El filósofo romano Séneca observa: «Solo están vivos de verdad los hombres que dedican tiempo a la filosofía.»
Tomemos un tiempo cada día y dedíquelos a la filosofía, hoy en día hay muchos libros que son bastante asequibles y comprensibles. En lo particular, algunos filósofos que escriben hoy en día y que puedo recomendar: Lou Marinoff, Eduardo del río (Rius) y Fernando Savater, entre otros.


Feliz martes.

lunes, 6 de junio de 2016

Cuestionar las cosas

Desde pequeño en mi hogar me han inculcado el deseo de saber cómo funcionan las cosas, en innumerables ocasiones llegué a desarmar algún juguete para ver cómo funcionaba por dentro. Sin embargo, esto último también trajo como consecuencia, alguno que otro regaño y/o castigo.
Esta curiosidad luego la entendí cuando comencé a leer a nuestro querido Platón, a través de sus diálogos donde el protagonista era su maestro Sócrates, entonces, supe que ese deseo de indagar no era otra cosa sino filosofía (amor a la sabiduría).

En todas partes y en todas las épocas, la filosofía comienza por cuestionar las cosas. En lugar de indicar en qué creer, lo que hace es suscitar la duda y provocar el sano escepticismo. La indagación filosófica se propone descubrir la verdad, no regirla.

Ahora bien, de pequeño tenía dudas relacionadas con cosas suscritas a mi mundo (e. g. ¿cómo funciona este robot?), con el tiempo comencé a hacerme preguntas más interesantes: ¿Por qué hemos nacido? ¿Para qué existe el mundo? ¿Quiénes somos?, etc. Aunque parecerán preguntas ingenuas, pero lo cierto es que no tienen respuestas sencillas. Precisamente por eso, estos interrogantes son tan significativos y trascienden las épocas. Entiendo que la vigencia eterna de estas preguntas habla del afán incansable de la humanidad por superarse y mejorar.

¡Y cuán importante es que seamos incansables!
Cada nueva generación de científicos puede añadir nuevas capas al edificio de la ciencia, construyendo encima de lo que se ha erigido anteriormente, pero cada ser humano comienza su viaje en sus mismísimos cimientos, tal y como me pasó a mí con mis juguetes desarmados. Por consiguiente, es sumamente importante que nos embebamos de las enseñanzas de los sabios del pasado.

Debería ser deber de todo gobierno inculcar virtudes a los ciudadanos, comenzando en el nacimiento, de modo que alcancen una plena estatura moral como adultos y a su vez sirvan de ejemplo a sus hijos. La tarea de la superación personal nunca termina y debe renovarse sin cesar, no solo en cada generación sino también en cada momento de nuestra vida. Debemos transmitir la sabiduría inmortal a través del tiempo, del pasado al futuro.

Quizás esta sea la única forma en que lleguemos a ser una civilización realmente próspera y feliz.


Feliz inicio de semana.

viernes, 3 de junio de 2016

Wu-wei

Siguiendo el Tao(1) y practicando cualquiera de sus muchas artes afines (tales como el Tai Chi) desarrollarás gradualmente una alternativa al instinto de luchar o huir. Esa alternativa es absolutamente serena. Su nombre en chino es wu-wei, cuya traducción aproximada sería «acción mediante la inacción».
Mediante la inacción, dice Lao Tzu, cabe conseguirlo todo. De ahí que cuando el taoísta que recorre el sendero de la jungla oye el ruido en los arbustos no luche ni huya. Empuña su horca de tigre y luego no hace nada. No siente estrés. El estrés es una respuesta instintiva al miedo primigenio. Pero el poder del Tao puede superar esos miedos, acallándolos con el tiempo con mano firme y tranquilidad de espíritu. El taoísta era feliz por estar caminando por el sendero de la jungla, y ahora es igualmente feliz por no estar haciendo nada.
Para nosotros los occidentales esta actitud de estar preparado pero no hacer algo es extraña, sin embargo, la influencia oriental cada día es mayor en nuestros días y nos hace reflexionar en cómo hemos llevado nuestra vida hasta el momento y cómo deseamos continuar llevándola.
Casualmente ayer una amiga me contaba que su padre siempre caminaba muy rápido cuando ella estaba más joven y que ahora con los años él cambió y le dice que ahora va más lento. Moraleja: se dio cuenta que igualmente lento llega a donde tiene que llegar, y que puede conseguir hacer las cosas que necesita hacer. Esto es un gran aprendizaje sobre todo para aquellos que vivimos en ciudades y que llevamos vidas agendadas y contra reloj.

Feliz fin de semana.

(1) Información complementaria
Introducción al Taoísmo:
http://ola-conociendolasreligiones.blogspot.com/2012/05/taoismo-introduccion.html

La Doctrina Taoista:
http://ola-conociendolasreligiones.blogspot.com/2012/05/taoismo-la-doctrina.html

El tiempo de Dios es Perfecto:
http://ola-elcolibri.blogspot.com/2015/06/esta-frase-la-he-escuchado-millones-de.html

jueves, 2 de junio de 2016

El verdadero diálogo

A veces en nuestro día a día no le damos la verdadera importancia a un verdadero diálogo, si observamos a nuestros líderes políticos, al menos en el caso de Venezuela en la actualidad, nos damos cuenta de que son personas que no manejan ningún criterio de diálogo, sino que desde el inicio tienen una postura predispuesta hacía un plantemiento que se le haga. Están tan adoctrinados que sus respuesta son monótonas y a veces hasta sin sentido.

Ningún diálogo puede ser fructífero cuando alguna de las partes lo inicia con postura arrogante ("Yo soy el presidente y aquí se hace lo que yo diga"). No puede haber conversación genuina cuando los términos del intercambio están coartados por el poder o la autoridad. A la inversa, el diálogo verdadero se produce solo cuando ambos interlocutores participan en pie de igualdad y su serio afán es la búsqueda de la verdad.

La literatura del norte de la India y del Tíbet —la hindú y la budista por igual— está repleta de tales recordatorios. Desde el Ramayana hasta la ficción budista del siglo XVII (por ejemplo, La historia del Príncipe Incomparable), las palabras arrogantes o cobardes maduran para convertirse en amargos frutos kármicos, trayendo triste ruina y doloroso despertar a quienes las pronuncian. En cambio, las palabras que emanan de mentes sabias arrojan luz sobre la verdad y la realidad, dando frutos kármicos deliciosos no solo a quienes hablan, sino también a quienes escuchan. Las mentes que juzgan a los demás sobre la base de la posición social o que están obsesionadas con las diferencias entre los dialogantes no pueden comunicarse con el corazón en la mano.

Y como es necesario que en nuestro país hayan diálogos verdaderos y no más monólogos absurdos.